Los bohemios En la rica historia de Bohemia encontramos momentos de cambios bruscos y una tenaz resiliencia. Los autores romanos de principios de la época imperial acuñaron el nombre de esta región a partir de los "Boii", un antiguo pueblo celta enemistado con Roma. Cuando el Imperio Romano comenzó a decaer, diversas confederaciones germánicas ya habitaban la región, como los lombardos y los alamanes. Los siglos IV a VI d.C. trajeron grandes cambios a Europa, en parte debido a las grandes migraciones que se dieron durante ese periodo: los grupos germánicos se desplazaron y Bohemia quedó abierta a nuevas oleadas de inmigrantes. Estos recién llegados hablaban lenguas de la rama eslava occidental y pasarían a ser los ancestros de los habitantes modernos de la región. Algunos de estos grupos ocasionalmente fundaron pequeños semiestados, como el de Samo durante la primera mitad del siglo VII, aunque no era lo más común. Entre los factores que más influyeron en la lenta formación de estados probablemente se encuentren las características geográficas de la región, las constantes migraciones y la amenaza del Kaganato Ávaro, un grupo de jinetes nómadas que rapiñaban la cuenca de Panonia. A medida que se formaban asentamientos más grandes y el comercio florecía, los habitantes de Bohemia interactuaban más con sus vecinos francos, al oeste. En un principio, la expansión resultante del cristianismo hacia el este causó ciertas fricciones con las creencias paganas que profesaban muchos de los habitantes eslavos de Bohemia. Sin embargo, la expansión de la nueva fe formó una conexión incipiente entre las regiones. Esta relación entre bohemios y francos rindió frutos en el siglo VIII, cuando una alianza de ambos pueblos se abrió paso hacia el oriente y derrotó a los ávaros de forma catastrófica, expulsándolos de la región. El imperio de Gran Moravia llenó el vacío de poder que dejó el Kaganato y sus gobernantes invitaron a misionarios ortodoxos a sus tierras en un intento por forjar relaciones con el Imperio Bizantino y así ganar legitimidad. Sin embargo, Svatopluk I (c. 840-894) revirtió esta tendencia al aliarse con los francos y deponer a su tío Rastislav. Svatopluk fue un comandante hábil y un político astuto que supo expandir su imperio desde Moravia y Bohemia hacia Polonia y Panonia. Finalmente, murió como siempre vivió: en medio de la guerra. Sus sucesores se preocuparon más por pelear entre ellos que por mantener la estabilidad del reino y, así, entre las rebeliones internas y las invasiones externas, Gran Moravia no sobrevivió al fallecimiento de Svatopluk. Más tarde, en el siglo X, los Magiares irrumpieron en Panonia y Moravia, poniendo de rodillas al frágil estado. Desesperados por proteger lo que les quedaba, los Premislidas, duques de una nueva dinastía cristiana que controlaban la región alrededor de Praga, se cobijaron bajo la protección de sus vecinos germanos al oeste. Esta fue la primera de una serie de decisiones políticas que terminarían por incorporar a Bohemia al Sacro Imperio Romano Germánico. Fortalecidos por los refuerzos de sus aliados occidentales, los Premislidas emprendieron una serie de campañas para conquistar Bohemia y construir un nuevo estado. Esta operación se puso en marcha cuando el duque Boleslav I (c. 908-972) adquirió Moravia luego de ayudar a Otón el Grande a aplastar a los Magiares en Lechfeld, en el año 955. Durante tres siglos, los Premislidas gobernaron Bohemia y acumularon grandes riquezas gracias a sus prósperas rutas comerciales, depósitos minerales valiosos que respaldaban una moneda fuerte y campañas bélicas exitosas. Al poco tiempo, el ducado había alcanzado un esplendor tan elevado que sus dirigentes terminaron por obtener el grado de reyes. Uno de ellos fue Ottokar II (1233-1278), conocido como "el rey de Hierro y Oro" debido a su poderío militar y sólida economía. Fue tan ambicioso que incluso aspiró a la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. A raíz de la inestabilidad que provocaron las invasiones mongolas en Europa Oriental y Central, lanzó campañas militares en todas direcciones. Así logró extender sus dominios hasta las costas del mar Adriático e incluso inició una cruzada contra los prusios paganos del Báltico. Pero su creciente poder causó temor entre sus pares, quienes eligieron a Rodolfo de Habsburgo como emperador del Sacro Imperio en lugar de a Ottokar y se enfrentaron al titán bohemio. En un sangriento enfrentamiento en Marchfeld en 1278, Ottokar fue derrotado y asesinado. Tras la caída de la dinastía Premislida en 1306, el gobierno de Bohemia pasó a manos de la ilustre Casa de Luxemburgo. Fueron reyes capaces que llevaron a Bohemia a una breve edad de oro, pero su reinado es más famoso actualmente por las incesantes guerras religiosas. En 1415, el emperador Segismundo ordenó la ejecución de Jan Hus, un sabio que promulgaba reformas religiosas, iniciando así las guerras husitas, un antecedente de la Reforma protestante. Contra todo pronóstico, los husitas vencieron a las fuerzas imperiales y ganaron su libertad religiosa gracias al ingenio táctico de grandes líderes, como Jan Zizka y Procopio el Grande, quienes usaron armas de pólvora, aprovecharon la geografía y usaron carros fortificados con artillería para vencer en la guerra. La rebelión husita inspiró a Bohemia a buscar nuevamente su autonomía, pero la región fue cayendo bajo la influencia de sus vecinos polacos, húngaros y austriacos. Luego de la muerte de Luis II en la batalla contra los turcos otomanos en Mohács, en 1526, Bohemia pasó a ser dominio de los Habsburgo, quienes se mantuvieron en el poder casi cuatro siglos más.