Defensas de los castillos El principio fundamental de la defensa de los castillos era elevar al máximo el peligro y el ángulo de exposición de los atacantes, reduciendo al máximo los de los defensores. Un castillo bien diseñado podía contar con un número reducido de tropas y resistir un asedio prolongado. Si contaban con provisiones suficientes, podían montar una defensa sumamente resistente, hasta que una fuerza de auxilio expulsara a los asediadores o hasta que los agresores se vieran forzados a replegarse por falta de suministros, bajas o enfermedades. Torre del homenaje La torre del homenaje era un pequeño castillo situado a menudo dentro del complejo donde se elevaba el castillo grande. Era un edificio fortificado que a menudo servía como residencia para el señor del castillo. Si los muros exteriores caían, los defensores podían retirarse a la torre del homenaje para iniciar la defensa final. En el caso de muchos castillos, el complejo empezaba con la torre del homenaje, que era la fortificación original. Con el tiempo, el complejo se ampliaba para incluir una muralla exterior y torres, que servían de primera línea de defensa para la torre del homenaje. Murallas Las murallas de piedra eran a prueba de fuego y brindaban una buena protección contra flechas y otros proyectiles. Un enemigo no podía trepar por las paredes verticales sin el equipo apropiado, como escaleras o torres de asalto. Los defensores, encima de las murallas, podían derribarlos o arrojarles cosas, incluso brea hirviendo. Los atacantes estaban totalmente al descubierto y debían disparar hacia arriba, lo que era una gran desventaja respecto de los defensores, que estaban muy bien parapetados y disparaban hacia abajo. El poder y el valor defensivo que ofrecían las murallas de los castillos todavía podía aumentar más si las construían sobre peñascos u otras elevaciones. Las puertas y ventanas en las murallas eran mínimas y estaban muy bien vigiladas. Torres En las esquinas, y quizá a intervalos a lo largo de una larga muralla, se erigían torres como puntos fuertes. Los torres se extendían hacia el cielo, por arriba de la la muralla, permitiendo disparar a los defensores desde ellas. Si la torre estaba en una esquina de la muralla, los defensores podían disparar a lo largo de dos diferentes caras de la muralla. Una puerta podía protegerse situando una torre a cada lado. Algunos castillos empezaron como simples torres y acabaron convirtiéndose en un complejo mucho más grande, formado por las murallas, una torre del homenaje interior y torres adicionales. Almenas A menudo se mejoraban las murallas y las torres para que proporcionaran mayor protección a los defensores. Una plataforma situada tras la parte superior de la muralla permitía a los defensores luchar y mantenerse en pie. Se construían rendijas en la muralla superior para que los defensores pudieran disparar o luchar por ahí, quedando lo mejor cubiertos posible. Estas rendijas podían tener postigos de madera para una mayor protección. En las murallas superiores se abrían rendijas para disparar, llamadas troneras, desde las que los arqueros podían tirar mientras permanecían cubiertos casi por completo. Durante un asalto, se extendían hacia fuera plataformas de madera recubierta desde la parte superior de las murallas o desde las torres. Éstas permitían a los defensores abatir directamente a los enemigos que estaban bajo las murallas, o arrojarles piedras o líquidos hirviendo, mientras los defensores permanecían lejos de su alcance. En la parte superior de las plataformas colocaban pieles humedecidas para que los atacantes no pudieran incendiarlas. Las versiones de piedra (llamadas merlones) de las plataformas de madera se podían construir sobre puertas u otros puntos clave. Fosas, zanjas y puentes levadizos Para acentuar la ventaja conseguida con la altura de las murallas, se podía excavar en la base una zanja alrededor de todo el castillo. Cuando era posible, esta zanja se llenaba de agua para crear una fosa. Tanto las zanjas como las fosas dificultaban los asaltos directos contra las murallas. Los soldados con armaduras se arriesgaban a ahogarse si caían al agua, aun cuando fueran relativamente poco profundas. Las fosas impedían que se socavaran las murallas del castillo, debido al riesgo de que las excavaciones se inundaran durante la construcción y sepultaran a los excavadores. En algunos casos, los atacantes tenían que vaciar la fosa antes de iniciar un asedio. Después, rellenaban la zanja en varios sitios, para poder levantar junto a las murallas las torres de asalto y las escaleras. Los puentes levadizos ubicados a lo largo de una fosa o zanja permitían a los ocupantes del castillo entrar y salir cuando fuera necesario. Cuando había peligro, se elevaba el puente levadizo y se cerraban las murallas. Los puentes se elevaban mediante un mecanismo que estaba dentro del castillo, a salvo de los atacantes. Compuerta de rejas Una reja fuerte se deslizaba desde arriba, hasta el suelo de la puerta del castillo, para bloquear la entrada. La puerta de un castillo estaba dentro de la torre de entrada. El túnel estaba bloqueado por una o más rejas, en el centro o en sus extremos. El mecanismo que levantaba la reja estaba en la parte superior de la torre de entrada, fuertemente custodiado. La reja podía ser de madera resistente o de hierro. Tanto los defensores como los atacantes podían disparar o clavar sus armas a través de la reja, aunque no pudieran pasar. Barbacana Un castillo poderoso tenía una puerta interior y otra exterior. Entre las dos, había un área abierta, llamada barbacana. Ésta estaba rodeada por murallas y diseñada para que se convirtiera en una trampa para cualquier atacante que traspasara la puerta exterior. Una vez dentro de la barbacana, los atacantes solo podían regresar por la puerta exterior o luchar para abrirse paso por la interior. Mientras tanto, eran objetivos al descubierto para las flechas y otros proyectiles de los defensores. Defensores Un número relativamente pequeño de hombres podía proteger un castillo en tiempos de paz. Por la noche se levantaba y cerraba el puente levadizo y se bajaban las rejas, cerrando la puerta de manera segura. Ante la amenaza de un asalto, se necesitaba una fuerza mucho mayor para defender el castillo. Se necesitaban arqueros y ballesteros hábiles, para disparar desde las murallas y las torres a los atacantes mientras se lanzaban al asalto o mientras lo preparaban, intentando vaciar el agua de la fosa o rellenar la zanja. Cada baja de los atacantes minaba su moral y capacidad de lucha, de modo que un número importante de bajas podía disuadir el ataque. Si los atacantes conseguían acercarse para entablar una lucha cuerpo a cuerpo, se llamaba a un contingente numeroso de espadachines para repeler el ataque. Se necesitaban hombres que arrojaran piedras o derramaran líquido hirviendo desde las plataformas. También se necesitaban hombres para reparar las secciones dañadas de las murallas o para apagar los fuegos iniciados por los proyectiles. Una defensa agresiva buscaba oportunidades para salir del castillo y atacar al ejército asaltante. Una incursión rápida que quemara una torre de asalto o que destruyera un lanzapiedras en construcción retrasaba el asalto y causaba profundas mellas en la moral de los atacantes. En épocas de emergencia, se alistaba a los campesinos del lugar para que ayudaran en la defensa. Aunque no estaban entrenados como soldados y no dominaban el manejo del arco o la espada, podían ayudar en muchas otras tareas.