Los chinos China quedó reunificada en el año 581 a.C. tras un largo periodo de rencillas internas entre los fundadores de la dinastía Sui. Durante la mayor parte de los mil años subsecuentes, China floreció como una de las civilizaciones más avanzadas y territorialmente más grandes del mundo. Debido a su aislamiento geográfico de Occidente, pudo desarrollar y mantener una cultura única que extendió su influencia sobre gran parte de Asia. Los emperadores, considerados hijos del Cielo, por lo general ostentaban un poder supremo. Sin embargo, los desastres naturales y otras calamidades se tomaban como pruebas divinas de su incapacidad como gobernantes, lo que podía justificar levantamientos de sus súbditos. Los Mandarines eran funcionarios conservadores que tenían profunda influencia en el gobierno a nivel local, provincial e imperial. Los Mandarines se ganaban sus puestos tras aprobar una serie de detalladas evaluaciones basadas principalmente en la obra de Confucio. La dinastía T'ang gobernó China desde el año 618 hasta el año 907. Bajo su mandato, China fue grande, rica y poderosa. Había un próspero comercio exterior y existía interés por las artes entre las clases altas. Se inventaron la imprenta y la pólvora. Sin embargo, los últimos 100 años de la dinastía T'ang fueron testigos de agitadas revueltas campesinas e interminables guerras entre caudillos locales a las que la corte imperial no encontraba cómo poner fin. Los años que van desde el 907 al 960 fueron conocidos como el periodo de las Cinco Dinastías. El norte de China estaba dominado por los bárbaros y el sur había quedado dividido en 10 estados rivales. Un general del ejército de uno de estos estados, llamado Chao Kuang-yin, se hizo con el poder y unificó los estados del sur, fundando la dinastía Song. A lo largo de los siguientes 20 años, sus descendientes reunificaron China. La dinastía Song gobernó parte de China hasta 1279. Este fue otro periodo de apogeo cultural y se consideró la gran época de la pintura paisajística china. La actividad económica vivió un crecimiento impresionante, en parte gracias al próspero comercio marítimo. Aumentó la población y crecieron las ciudades; la producción de alimentos creció aún más rápidamente que la población, se desarrolló una economía monetaria y la producción industrial vivió un gran apogeo. Ninguna ciudad europea se aproximaba siquiera al número de habitantes de Chang An, Beijing (Pequín) o Guang Zou (Cantón), todas ellas con más de dos millones de habitantes, algo asombroso en esos tiempos. Sin embargo, la riqueza de China atraía enemigos, hasta que en 1206, los mongoles comenzaron sus ataques. Hacia 1279 ya habían conquistado la China de la dinastía Song y trasladado la capital a Pequín. El impresionante desarrollo económico de la dinastía Song llegó a su fin con las conquistas de los mongoles y los aproximadamente 30 millones de bajas que causaron. La dinastía Yuan del imperio mongol reunificó China y ésta volvió a ocupar su posición en el mundo como una potencia militar y mundial. La influencia china se extendió por Asia. Hanoi fue tomada tres veces y se le cobraron impuestos a Birmania. Se desarrolló el comercio con India, Arabia y el golfo Pérsico. Fue durante esta época que se dice que Marco Polo visitó China. Los desastres naturales y la alza de impuestos durante el siglo XIV provocaron rebeliones rurales. Un monje budista se convirtió en uno de los líderes de los Turbantes Rojos, una sociedad secreta que se oponía al emperador de Pequín. Los rebeldes tomaron Nanjing en 1356 y, doce años más tarde, expulsaron a los mongoles de Pequín, fundando la dinastía Ming. La dinastía Ming presidió otro florecimiento cultural y estableció una unidad política que sobrevivió a la dinastía Ming y duró hasta el siglo XX. Sin embargo, la dinastía Ming impuso un aislamiento y conservadurismo estrictos, oponiéndose al cambio y a la innovación, incluso prohibiendo los viajes al exterior y cerrando la Ruta de la Seda. Uno de los aspectos más notables de la China medieval son sus tecnologías, inventadas normalmente muchos siglos antes de su transmisión a Europa o del desarrollo de innovaciones similares en Occidente. Entre los inventos más importantes de los chinos se cuentan: la brújula, la carretilla, el ábaco, los arreos de las monturas, el estribo, reloj, hierro fundido, acero, papel, impresión móvil (imprenta), papel moneda, la pólvora y el codaste (una estructura de soporte para el timón de los barcos).