La llegada de la pólvora En el siglo XI, los chinos ya conocían la pólvora y la utilizaban con fines militares, para propulsar cohetes. Aunque es cierto que estas primeras 'armas de fuego' causaban más terror que estragos. Y también experimentaron con otros usos más lúdicos, como los fuegos artificiales. Aún no veían el potencial de la pólvora como explosivo o propulsor de proyectiles. La pólvora avanzó poco a poco hacia Occidente, donde los europeos le dieron usos mucho más destructivos. La obra de arte europea más antigua que se conserva en la que se representa un arma de pólvora, apareció en 1326. Este primitivo cañón se cargaba con una especie de lanza, no con balas de cañón. Aunque todo parece indicar que los europeos habían estado experimentando con la pólvora durante medio siglo antes de aquella fecha. Así lo demostraría la descripción más antigua de la fórmula que se conoce hasta ahora, la cual data de 1260 y se le atribuye a un fraile inglés llamado Roger Bacon. Casi un siglo después, en 1340, ya se utilizaban balas de cañón hechas de plomo, hierro y piedra. Los ingleses usaron cañones en el campo de batalla de Crécy en 1346, aunque en ninguna crónica se mencione qué tan útiles resultaban realmente en la batalla. Los cañones Tuvieron que pasar varios siglos de experimentación para que las armas de pólvora resultaran verdaderamente útiles. Una de las dificultades era producir una pólvora que ardiera de manera rápida, uniforme y potente. Otra complicación radicaba en diseñar cañones que no explotaran. Los primeros cañones se caracterizaron por su ineficiencia, lo que hacía casi tan peligroso dispararlos como ser su blanco. En 1460, por ejemplo, el rey Jaime II de Escocia murió a causa de la explosión de uno de sus cañones. A mediados del siglo XV, las tecnologías de los cañones y la pólvora habían avanzado lo suficiente como para ser considerados armas importantes. Esto quedó claro en 1453, cuando enormes cañones de asedio dispararon sólidas balas de cañón para destruir las murallas de Constantinopla. Aunque al final la ciudad cayó debido a una pequeña puerta que se quedó abierta, el bombardeo ya causaba estragos en las defensas y, en algún momento, seguramente habría permitido un ataque directo. En la Edad Media, los cañones se utilizaban para derribar murallas durante los asedios y para disparar contra las filas enemigas en el campo de batalla. Su capacidad para derribar paredes verticales dio lugar a modificaciones en la construcción de los castillos. Los altos muros en vertical fueron reemplazados por murallas inclinadas de menor altura. En este periodo, la utilidad de los cañones en el campo de batalla era muy limitada, ya que su manejo y su traslado a otras posiciones resultaban tareas sumamente laboriosas. Las armas de mano En 1350 aparecieron ilustraciones de varios tipos de armas de mano. Eran armas primitivas que consistían en un tubo hueco tapado por un extremo y con un agujero en el lateral (cerca del extremo bloqueado). En el agujero se colocaba una mecha, es decir, una cuerda corta de material inflamable. La mecha encendía la pólvora y la bala cargada en el cañón salía disparada. No servía de mucho intentar apuntar con estas primeras armas de mano. Sólo resultaban efectivas si se disparaba en descargas repetidas y por varios hombres a la vez, contra blancos compactos y poco móviles. Hacia 1450, la mayoría de los ejércitos europeos avanzados usaban armas de mano. Aún así, los arcos y las ballestas seguían probando ser armas más eficaces y menos costosas, por lo que siguieron empleándose hasta el siglo XVI.