Los gurjara Tras el colapso del Imperio gupta en el s. VI d. C., sus posesiones se fragmentaron y formaron un collage de estados sucesores al mando de varios caciques y dinastías. Durante el s. VIII, un rey llamado Nagabhata se hizo cargo de la región y así dio comienzo a la dinastía Pratihara, también conocida como Gurjara-Pratihara en la región donde los reyes Pratihara tenían el dominio. Los pratihara participaron activamente en la rivalidad del triángulo de Kannauj; lucharon contra los rashtrakutas y contra los pala bengalíes por el control de Kannauj y de las tierras que lo rodeaban. Mihira Bhoja, un monarca especialmente destacado, amplió el reino de los pratihara por todo Guyarat y más allá. Varias fuentes describen su pericia como gobernante y la extensión de sus ejércitos, y hacen referencia, en concreto, a una fuerza de caballería que montaba en caballos de la raza Shrivamsha, conocida por sus altos niveles de velocidad, resistencia y agilidad. Los reyes de los pratihara también tuvieron que enfrentarse a invasiones musulmanas cada vez más grandes a través del Hindú Kush. Aunque al principio consiguieron rechazarlas, el reino de los pratihara sufrió un proceso de desgaste causado por estos conflictos y se debilitó considerablemente con el paso del tiempo. La muerte de la dinastía llegó a principios del s. XI, cuando los ejércitos de Mahmud de Gazni saquearon Kannauj y apartaron a la familia de los pratihara del gobierno. Los pratihara no fueron los únicos con una notable influencia al noroeste de la India en esta época. En medio de la lucha de potencias por el control de esta fructífera región también estaban los chandelas (s. IX-XIII), los paramaras (s. IX-XIV), los solanki (s. X-XIII) y los soomro de Sind (s. XI-XIV). Estos y otros estados contribuyeron a la gran variedad cultural, lingüística y religiosa que existió en esta parte del mundo. A veces, sus diferencias generaban rivalidades; no obstante, esta diversidad fascinante resultaba con más frecuencia un emblema de la transferencia cultural y la convergencia, donde los conflictos solían tener principalmente motivaciones políticas. Durante el s. XII, gran parte del norte y el noroeste de la India se encontraba bajo la hegemonía de Prithviraj Chauhan de Ajmer, un poderoso gobernante de Rajputana. Prithviraj, cuya historia se cuenta principalmente en el relato épico Prithviraj Raso, atajó la revuelta de un pariente, subyugó a varios estados colindantes y se casó con Sanyogita, la hija de su rival Jayachandra. Esta unión tuvo unas consecuencias desastrosas, ya que un consejero celoso conspiró con Jayachandra para derrocar a Prithviraj al invitar a la invasión a los ejércitos radicales de Muhammad de Gur. Aunque al principio Prithviraj consiguió contener las oleadas de invasores gúridas, finalmente lo asesinaron y su reino sucumbió. Qutb-ud-din Aibak, el sucesor de Gur, fundó después el sultanato de Delhi en 1206. El sultanato de Delhi se amplió demasiado, por lo que algunas regiones se escindieron durante los siglos XIV y XV. Durante esta época, existieron tres potencias prominentes que fueron los sultanatos de Guyarat y Malwa, así como los Sisodia de Mewar. Todos mantuvieron su poder hasta el alzamiento del Imperio mogol. Guyarat y Malwa cayeron ante los mogoles durante el s. XVI, pero Mewar sobrevivió durante más tiempo gracias a los esfuerzos de Maharana Pratap, su valeroso gobernante, que se enfrentó a los mogoles hasta quedar en punto muerto. Sus sucesores retomaron la lucha, pero después de varios callejones sin salida militares, negociaron un acuerdo y mantuvieron la autonomía, aunque reconocieron la supremacía de los mogoles.