Los indostanos Al inicio de la era medieval, las regiones septentrionales de la India moderna estaban gobernadas principalmente por el Imperio gupta. En su punto álgido, bajo el mandato de Chandragupta II Vikramaditya, este estado efímero se extendía desde el río Indo hasta el delta del Ganges. El Imperio gupta contaba con avances excepcionales para su tiempo en materia económica, política, militar, intelectual y social, pero se había extendido demasiado y era vulnerable a invasiones externas. Las incursiones nómadas desde el noroeste eran un problema constante, así como lo eran también las meteorologías extremas locales: en concreto, las inundaciones causaban distorsiones muy importantes. Este estado no sobreviviría al s. VI d. C., pero dejó una huella importante en los sistemas gubernamentales que lo sucedieron. Tras la caída del Imperio gupta, innumerables entidades de mayor o menor importancia se hicieron con el control de sus posesiones. Estas entidades nunca tuvieron el mismo poder que los gupta, pero heredaron sus fortalezas y avances: una visión sofisticada del sistema de trabajo, avances científicos importantes, redes comerciales de gran actividad y tecnología militar muy potente, entre otras cosas. Los relatos épicos en sánscrito hablan de Harsha Vardhana, un poderoso y magnánimo gobernante del s. VII que convirtió algunos de estos sistemas gubernamentales en un pseudoimperio. No obstante, su estado también tuvo una longevidad relativamente corta. Los dos siglos siguientes fueron testigo de la emergencia de una nueva amenaza con la llegada de invasiones musulmanas al subcontinente indio. En un principio, algunos magnates indios como Bappa Rawal (s. VIII) consiguieron cortar las oleadas de raíz, pero, con el tiempo, la amenaza creció demasiado para que los estados indios, a menudo fragmentados, presentaran una resistencia permanente. Más allá del Hindú Kush, se alzaban poderosas dinastías musulmanas turco-persas: los gaznávidas habían formado un estado formidable en los territorios que hoy son Afganistán, Pakistán e Irán. Mahmud de Gazni (s. X-XI) desplegó diecisiete campañas distintas para saquear gran parte del norte y el oeste de la India. Después de los gaznávidas llegaron los gúridas, otra dinastía poderosa que derrotó a los gaznávidas y se adentró más en la India durante los siglos XII y XIII. Ambas facciones eran famosas por su considerable uso de ghilman, antiguos esclavos entrenados como soldados profesionales que habían creado una élite de guerreros que dominaban tanto los campos de batalla como los palacios. Las invasiones gúridas fueron un punto de inflexión debido al impacto permanente que causaron. Sus predecesores habían llevado a cabo campañas de saqueo y destrucción, pero los gúridas, liderados por los hermanos Ghiyath y Muhammad de Gur, derrotaron a Prithviraj Chauhan de Ajmer y se hicieron con el control permanente de la mayor parte del norte de la India. Su sucesor, Qutb-ud-Din Aibak, creó una nueva superpotencia: el sultanato de Delhi (s. XIII-XVI), que estaba básicamente formado por una élite de guerreros musulmanes que gobernaban a una mayoría de población de cultura y sociedad indias. Como muchos conquistadores de la historia, los sultanes de Delhi pensaron que sería mucho más prudente perpetuar los sistemas existentes en su nuevo imperio en lugar de intentar destrozarlos e imponer los propios. Los siguientes siglos fueron tumultuosos. Varias invasiones mongolas sacudieron al sultanato de Delhi y a sus vecinos; no consiguieron ganancias importantes y duraderas, pero destrozaron las infraestructuras de la región. La invasión de Tamerlán en 1398 fue particularmente brutal; arrasó el norte de la India y convirtió la ciudad gloriosa de Delhi en un osario. Más de un siglo después, el conquistador mogol Babur (otro caudillo persificado de Asia central), comentaría en Baburnama, su autobiografía, que observó cómo la tierra todavía no se había recuperado de la devastación de siglos anteriores. Sin embargo, Babur consiguió moldear los sistemas gubernamentales debilitados del norte de la India hasta crear un estado poderoso, el Imperio mogol, que se haría cargo de la región desde 1526 hasta comienzos del periodo moderno.