El auge de los caballeros En tiempos de Carlomagno, los guerreros a caballo se habían convertido en la élite de las unidades militares francas, una tendencia que se extendió por el resto de Europa. Combatir a caballo confería una mayor gloria en la batalla, porque los jinetes podían moverse velozmente y pisotear a enemigos de menor rango que luchaban a pie. Cuando las caballerías de dos ejércitos se enfrentaban entre sí, la velocidad de la embestida y el violento choque que se producía provocaban descargas de adrenalina que impulsaban a los guerreros a continuar luchando. Además, la caballería gozaba de mayor prestigio por el alto costo de los caballos, las armas y las armaduras. Solo las personas adineradas o los siervos de los ricos podían permitirse luchar como jinetes. Los reyes de la Alta Edad Media tenían poco dinero para poder pagar grandes contingentes de costosa caballería. Los guerreros se convertían en vasallos del monarca a cambio de la promesa de feudos a su nombre. El beneficio obtenido de esas tierras debía usarse para pagar caballos y equipamiento. En la mayoría de los casos, los vasallos también mantenían a grupos de soldados profesionales. En una época donde la autoridad central era débil y las comunicaciones deficientes, los vasallos, ayudados por sus siervos, eran los responsables de la ley y el orden dentro de su feudo. A cambio de este feudo, los vasallos accedían a proporcionar apoyo militar a su señor. De esta manera, los nobles y los reyes podían disponer de un ejército cuando lo desearan. Los vasallos a caballo eran la élite de estos ejércitos. Al avanzar la Edad Media, esta élite de guerreros a caballo de Europa Occidental empezó a ser conocida como 'caballeros'. Se desarrolló un código de conducta, llamado de caballería, que detallaba cómo debían comportarse. Estaban obsesionados con el honor, tanto en tiempos de paz como de guerra, aunque por lo general esto se limitara al trato con sus iguales, no con plebeyos y campesinos, que constituían el grueso de la población. Los caballeros se convirtieron en una clase dominante al controlar la tierra, de la que se derivaba toda la riqueza en aquellos tiempos. Al principio, los aristócratas eran nobles debido a su prestigio como guerreros superiores en un mundo lleno de violencia. Más tarde, su situación y prestigio se convirtieron principalmente en hereditarios, en detrimento de su prestigio como guerreros. La caballería El término 'caballería' empezó a utilizarse refiriéndose a la equitación. Los guerreros de élite de la Edad Media se distinguían del campesinado y el clero, así como entre ellos, por su habilidad para montar y su valor en el combate. El símbolo de alto nivel de la época era poseer caballos rápidos y fuertes, armas llamativas y eficaces, y una armadura bien confeccionada. Hacia el siglo XII, la caballería se había convertido en una forma de vida. Las reglas básicas del código de caballería eran las siguientes: * Proteger a las mujeres y a los más débiles. * Hacer que la justicia triunfe sobre a la injusticia y el mal. * Amar a la Madre Patria. * Defender a la Iglesia, incluso a costa de la propia vida. En la práctica, los caballeros y aristócratas ignoraban este código cuando les convenía. Los enfrentamientos entre nobles y las pugnas por más tierras sustituían cualquier otro código. La costumbre de las tribus germánicas que establecía que las tierras debían repartirse entre los hijos de un señor, en vez de pasar en su totalidad al primogénito, a menudo daba lugar a guerras entre hermanos por el botín. Un ejemplo de esto fue el conflicto entre los nietos de Carlomagno. La Edad Media está plagada de este tipo de guerras civiles, en las cuales los que normalmente salían perdiendo todas las veces, eran los campesinos. A finales de la Edad Media, los reyes crearon las órdenes de caballería. Eran organizaciones exclusivas para caballeros de alto rango que juraban lealtad a sus compañeros y a su rey. Ser miembro de una orden de caballería era extremadamente prestigioso y distinguía a un hombre como uno de los más importantes del eino. En 1347, durante la Guerra de los Cien Años, Eduardo III de Inglaterra fundó la Orden de Garter, que ha perdurado hasta nuestros días. Esta orden estaba conformada por los 25 caballeros ingleses de mayor rango, y se fundó para asegurar su lealtad al rey y su dedicación a lograr la victoria en la guerra. La Orden del Vellocino de Oro fue creada por Felipe 'el Bueno' de Borgoña en 1430 y se convirtió en la más rica y poderosa de toda Europa. Luis XI de Francia fundó la Orden de San Miguel para controlar a sus principales nobles. Las Órdenes de Calatrava, Santiago y Alcántara se crearon para expulsar a los moros de España. Quedaron unificadas bajo el reinado de Fernando de Aragón, cuyo matrimonio con Isabel de Castilla sentó las bases para la constitución de un solo reino español. Con el tiempo, se convertiría en gran maestre de las tres órdenes, aunque cada una se mantendría independiente de las demás. La ordenación de los caballeros A la edad de siete u ocho años, los niños de la clase noble eran enviados para servir de pajes en la casa de un gran señor. Las mujeres les enseñaban los comportamientos sociales básicos y empezaban un entrenamiento elemental en el uso de armas y la equitación. Alrededor de los 14 años de edad, los jóvenes se convertían en escuderos, es decir, en aprendices de caballero. Cada escudero era asignado a un caballero, quien debía continuar la educación del joven. Los escuderos eran compañeros habituales y sirvientes de los caballeros. Los deberes de los escuderos incluían limpiar la armadura y las armas (propensas a oxidarse), ayudar al caballero a vestirse y desvestirse, cuidar de sus pertenencias, e incluso dormir a la puerta, como sus guardianes. En los torneos y batallas, los escuderos asistían al caballero en todas sus necesidades. Les llevaban armas y caballos de reemplazo, curaban sus heridas, retiraban a los heridos del campo de batalla y, en los peores casos, se encargaban de que recibiera un entierro digno. En muchas ocasiones, los escuderos iban a la guerra con el caballero y luchaban a su lado. Los guerreros evitaban combatir contra los escuderos del bando enemigo y preferían buscar un caballero de su rango, o superior. Los escuderos, por su parte, deseaban enfrentarse a los caballeros para ganarse un gran prestigio por matar o capturar a un enemigo noble. Además del entrenamiento marcial, los escuderos se fortalecían mediante juegos, aprendían a leer y, generalmente, también a escribir, y estudiaban música, baile y canto. A la edad de 21 años, un escudero podía ser designado caballero. Los candidatos que lo merecían, recibían ese honor de manos de un señor o de otro caballero de alto rango. En un principio, la ceremonia de ordenación era sencilla: consistía en tocar al recién ordenado en el hombro con una espada y después, debía ceñirse el cinto de la espada. Con el tiempo, la ceremonia se fue volviendo más compleja, e incluso la Iglesia se sumaba al rito. Los candidatos se bañaban, se cortaban el pelo y pasaban la noche en vela, orando. Por la mañana recibían su espada y las espuelas de caballero. Normalmente solo podían llegar a ser caballeros quienes poseían tierras o ingresos suficientes para hacer frente a las responsabilidades de su rango. Sin embargo, los señores y obispos importantes podían mantener un contingente de tropas numeroso, y muchos fueron elegidos por estas circunstancias. Los escuderos que se distinguían en la batalla durante la guerra podían ganarse el reconocimiento de un gran señor y ser ordenados caballeros en el mismo campo de batalla. Los torneos Los torneos fueron competencias de combate entre caballeros que surgieron en el siglo X y que desde el principio fueron condenados por el papa Inocencio II, en el segundo Concilio de Letrán. Tampoco contaban con el favor de los reyes de Europa, que no aprobaban las heridas y las muertes provocadas por la que consideraban una actividad frívola. Sin embargo, estos torneos fueron volviéndose más y más comunes, hasta convertirse en una parte importante de la vida de un caballero. Los torneos empezaron a organizarse como encuentros individuales entre caballeros y fueron complicándose con el paso del tiempo. Se convirtieron en acontecimientos sociales importantes, que atraían a patrocinadores y participantes desde lugares lejanos. Se construyeron recintos especialmente destinados para los torneos, con pabellones para los combatientes y gradas para los espectadores. Los caballeros seguían batiéndose individualmente, pero ahora lo hacían también en equipos. Se retaban utilizando diversas armas y llevaban a cabo simulacros de batalla con cuadrillas. Las justas, o lizas, eran un enfrentamiento entre dos caballeros armados con lanza que cargaban uno contra otro a toda velocidad sobre sus caballos. Estos enfrentamientos se convirtieron en el acontecimiento más celebrado de los torneos. Los caballeros eran el equivalente a los atletas de nuestros tiempos, y competían para ganar premios, prestigio y la atención de las damas que llenaban las gradas. En el siglo XIII, murieron tantos guerreros durante los torneos, que los gobernantes de Europa, incluyendo el Papa, comenzaron a alarmarse. En 1240, por ejemplo, murieron sesenta caballeros en un solo torneo, en Colonia. El Papa quería disponer del mayor número posible de caballeros para luchar en Tierra Santa, de modo que no aprobaba que se mataran entre sí en los torneos. Entonces, se despuntaron las armas y se dictaron reglas encaminadas a reducir la incidencia de lesiones graves, pero aún así, seguían presentándose incidentes fatales. Enrique II de Francia, por ejemplo, fue herido de muerte en una justa que se llevó a cabo para celebrar la boda de su hija. Los retos normalmente se planteaban de forma amistosa, pero si existían rencores entre combatientes, estos podían resolverse en un combate a muerte. Los perdedores eran capturados y debían pagar un rescate en especie a los vencedores, entregándoles caballos, armas y armaduras. Los heraldos llevaban un control de los resultados del torneo, como los marcadores actuales en los partidos profesionales. Un caballero de bajo rango podía amasar una fortuna gracias a los premios acumulados en los torneos y también podía ganarse la atención de alguna dama adinerada. Las órdenes militares Durante las cruzadas, se definieron órdenes de caballeros que buscaban cumplir con los objetivos cristianos de esas campañas. Estos caballeros se convirtieron en los cruzados más feroces y los enemigos más odiados de los árabes. Estas órdenes se mantuvieron en activo incluso luego el fracaso de las cruzadas en Palestina. La primera fue la de los Caballeros del Templo, los llamados 'Templarios', fundada en 1108 para proteger el Santo Sepulcro en Jerusalén. Los templarios llevaban una capa o túnica blanca con una cruz roja y juraban los mismos votos que los monjes benedictinos: humildad, pobreza, castidad y obediencia. Los templarios fueron unos de los más valientes defensores de Tierra Santa y los últimos en retirarse de esa región. En los años posteriores, se enriquecieron gracias a las donaciones y préstamos, atrayendo así la envidia y desconfianza de los reyes. En 1307, el rey Felipe IV de Francia los acusó de múltiples crímenes, entre ellos herejía, arrestándolos y confiscando sus tierras. Otros líderes europeos siguieron su ejemplo y los templarios fueron aniquilados. La Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, conocidos como los 'Caballeros Hospitalarios', se creó para atender a los peregrinos enfermos y necesitados que visitaban el Santo Sepulcro. Al poco tiempo se convirtió en una orden militar. Sus miembros vestían una capa roja con una cruz blanca y también juraban los votos benedictinos. Los Hospitalarios se impusieron normas muy rígidas y no permitían la riqueza ni la indolencia entre sus miembros. Tras la caída de su gran castillo, el Krak de los Caballeros, fueron expulsados de Tierra Santa y se retiraron a la isla de Rodas, defendiéndola durante varios años. Tras su expulsión de Rodas por parte de los turcos, se establecieron en Malta. La tercera gran orden militar fue la de los Caballeros de la Orden Teutónica, fundada en 1190 para proteger a los peregrinos alemanes que viajaban a Tierra Santa. Antes del final de las Cruzadas, habían centrado sus esfuerzos en convertir a los paganos de Prusia y los estados bálticos. La heráldica Para poder distinguir a los caballeros en el campo de batalla, se concibió un sistema de insignias o blasones, llamado heráldica. Se diseñaba un blasón para que cada noble lo estampara en su escudo, abrigo, banderas y sello. La túnica o capa decorada con la insignia de un caballero recibió el nombre de 'escudo de armas', y estas palabras finalmente pasarían a denominar a la insignia. Una organización independiente, llamada Colegio de Heraldos, diseñaba las insignias individuales, asegurándose de que cada una de ellas fuese única en su especie. Los heraldos grababan las insignias en libros que quedaban bajo su cuidado. Los escudos de armas se pasaban de generación en generación, modificándolos para incorporar los enlaces matrimoniales. Algunos diseños se reservaban para la realeza de distintos países. A finales de la Edad Media, las ciudades, los gremios y los ciudadanos importantes, aunque no pertenecieran a la nobleza, tenían sus propias insignias. En el campo de batalla los combatientes utilizaban los escudos de armas para distinguir a los amigos de los enemigos y para elegir a contrincantes valiosos en un enfrentamiento. Los heraldos redactaban listas de los caballeros que iban a entrar en batalla basándose en sus blasones. Los heraldos eran considerados neutrales y actuaban como intermediarios entre dos ejércitos. De ese modo, podían pasar mensajes entre los defensores de un castillo o de una ciudad y sus sitiadores.