Los españoles La historia de España en la Edad Media está escrita en tres capítulos principales: la creación de la España visigoda, la España musulmana y, más tarde, la Reconquista, es decir, la lucha de los cristianos para recuperar los territorios españoles invadidos. La península Ibérica era una extensión del Imperio Romano que quedó abandonado a su suerte cuando Roma comenzó a desintegrarse, ya que no podía defenderlo de las invasiones bárbaras que llevaron devastación a las mismas calles de Roma. Entonces, una buena parte de la península quedó ocupada por uno de tantos pueblos bárbaros, los visigodos. Años atrás, este pueblo había emigrado desde las llanuras al suroeste de la actual Rusia, cuando el terror de los hunos cimbraba esas tierras. Los visigodos se convirtieron al cristianismo y ocuparon el centro de la península durante varios siglos. En el siglo VIII, uno de los nobles visigodos hizo un llamado a los musulmanes del norte de África solicitando ayuda contra el rey, lo que dejó la puerta abierta para la expansión de los árabes a través del estrecho de Gibraltar. En poco más de 50 años, los musulmanes habían ocupado la mayor parte de la península, quedando únicamente fuera de su control algunas pequeñas zonas en las montañas y el norte. Con los musulmanes, o moriscos, España se convirtió pronto en una de las civilizaciones más avanzadas de la Europa medieval. Prosperó durante un tiempo de paz relativa gracias al florecimiento de la agricultura, el comercio, la acuñación de moneda y la industria. Asimismo, los conocimientos del mundo musulmán llegaron al territorio y le dieron un impulso considerable en muchas áreas del saber humano. Córdoba se convirtió en la ciudad más grande y sofisticada de Europa, solo detrás de Constantinopla, con una población superior a 500,000 personas, una maravillosa arquitectura, magníficas obras de arte, una fabulosa biblioteca y centros de aprendizaje de gran renombre. Sin embargo, la paz y prosperidad se vieron interrumpidas por problemas internos, ya que los gobernantes locales importantes competían por hacerse con el poder absoluto del territorio. Además, estos conflictos solo empeoraron la situación frente a los ataques externos, procedentes tanto del frente cristiano en Iberia, como de los musulmanes del norte de África. A mediados del siglo XIII, la España musulmana había quedado reducida a un único reino, situado en Granada. Los reinos cristianos del norte fueron reduciendo el poder de los musulmanes, aunque sus esfuerzos se vieron debilitados en ocasiones por las pugnas internas. Portugal se separó y formó un reino independiente. La Granada musulmana sobrevivió durante varios siglos gracias al generoso tributo que pagaba a los cristianos del norte y a una astuta diplomacia que enfrentó a sus enemigos entre sí. No obstante, en 1469, Isabel I de Castilla se casó con Fernando II de Aragón, uniéndose así estos dos reinos cristianos rivales, lo que anunció el fin de la España musulmana. En la Edad Media, España fue un mundo de contrastes. Poseía las numerosas ventajas de una sociedad multiétnica, que combinaba influencias latina, judía, cristiana y musulmana en una cultura única y rica. Sin embargo, contradictoriamente, esas fuerzas culturales chocaban entre sí, y con mucha violencia en más de una ocasión. Cuando dos culturas diferentes se enfrentan, el resultado suele ser funesto. La Reconquista se prolongó durante ocho siglos, fue como un reflejo occidental de las cruzadas en Tierra Santa y propició una atmósfera cada vez más despiadada e intolerante. Los guerreros cristianos que lograron expulsar a los moriscos se ganaron la reputación de estar entre los mejores combatientes de Europa. Granada se rindió ante las fuerzas unidas de Castilla y Aragón a principios del año 1492, un año de suma importancia histórica, pues bajo el patronazgo de Isabel la Católica, Cristóbal Colón llegó al Nuevo Mundo y así comenzaría el contacto entre las poblaciones nativas y el Viejo Mundo.