Los turcos El término 'turco' hace referencia a dos grupos distintos de musulmanes en Medio Oriente: los selyúcidas y los otomanos. Los selyúcidas eran nómadas de las estepas cercanas al mar Caspio, un grupo que se convirtió al islam alrededor del siglo X. Alrededor de 70,000 mercenarios selyúcidas engrosaron las filas del ejército islámico del califa de Bagdad. Estos mercenarios se convirtieron a la rama sunita del islam, y posteriormente, en el año 1055, se convirtieron en el poder real tras del califa de Bagdad. Así comenzaron a extender sus influencias en la política de la región. Sus líderes se hacían llamar 'sultanes', que significa 'quien detenta el poder'. Hacia el año 1100, ya controlaban la mayor parte de Anatolia, que le arrebataron a los bizantinos. También controlaban Palestina, las tierras que rodeaban el golfo Pérsico y las ciudades sagradas de Arabia hasta Samarcanda. La aplastante victoria de los selyúcidas sobre el ejército bizantino en Malazgirt (actualmente Turquía), en el año 1071, les permitió ocupar la mayor parte de Anatolia. Casi al mismo tiempo tomaron Jerusalén, arrebatándosela a los musulmanes egipcios que la gobernaban. Estos dos hechos produjeron tal conmoción entre los bizantinos, el Papa y toda Europa, que desencadenó las Cruzadas, campañas que se prolongarían por los siguientes 200 años. A pesar del éxito de los turcos selyúcidas al retomar el control de Palestina, las continuas guerras con los cruzados mermaron sus fuerzas. Además, comenzaba a sentirse la amenaza del grupo conocido como los 'Hashashin', o Asesinos, una secta herética del islam. Por otro lado, el islam entró en un periodo de introspección, debido a la popularidad del sufismo. En tal estado de agotamiento y debilidad, sucumbieron al repentino ataque de los mongoles. Bagdad cayó presa de los invasores en el año 1258, marcando el fin del imperio selyúcida. Bajo el reinado del sultán Osmán I, a principios del siglo XIV, la población islámica de Anatolia (actualmente Turquía, en Asia Menor) se unificó bajo el nombre de 'osmanli', u otomanos, en honor de su monarca. Los otomanos declararon la Guerra Santa al ya de por sí mermado imperio bizantino. Avanzaron desde Constantinopla hasta los Balcanes, venciendo a los serbios en el año 1389 y, posteriormente, en el año 1396, al ejército cruzado de Hungría. Los mongoles, al mando de Tamerlán, frenaron temporalmente los éxitos otomanos, pero él siguió su camino junto con su ejército y los otomanos se recuperaron. Finalmente, el 29 de mayo de 1453, el sultán Mehmed II 'el Conquistador' tomó Constantinopla. Durante ocho semanas, los jenízaros asediaron con 70 armas de fuego los muros de Constantinopla, doblegándola luego de tantos años de hegemonía en la región. Una vez tomada Constantinopla, los otomanos avanzaron hacia el occidente, amenazando con una serie de 'contra cruzadas'. Sin embargo, el ejército húngaro los detuvo en Belgrado en 1456. Años más tarde, Viena también se defendería con éxito, una vez en 1529 y de nuevo en 1683. El imperio otomano alcanzó su auge en el siglo XVI, cuando se extendía por Europa hasta Budapest y Odessa. Incluía toda Grecia y los Balcanes; los territorios en torno al mar Negro; Asia Menor, Levante, Arabia, Egipto y la mayor parte de África del Norte. El Imperio Otomano mantuvo su jerarquía como una verdadera potencia hasta la Primera Guerra Mundial, ya en el siglo XX.