Los armenios Al inicio del periodo medieval, Armenia, que ya era un estado cuya historia se extendía hasta un milenio atrás, quedó atrapada en medio de un conflicto entre dos gigantes. Las hostilidades se habían desatado entre el Imperio Romano Oriental y el Imperio persa de Sasania. Ambos bandos querían usar Armenia como un territorio intermedio para disuadir las invasiones a lo largo de su frontera norte. A medida que el poder romano menguaba, los persas empezaron a obtener la ventaja. Pero su gobierno opresivo, especialmente en la persecución de los cristianos armenios en un intento por esparcir el Zoroastrismo, desató constantes tensiones en este pueblo. Esto culminó en la batalla de Avarayr (451), en la cual el magnate Vardan Mamikonian (figura clave de la historia armenia) falleció defendiendo a su patria. El Oriente Próximo cambió para siempre en el siglo VII, cuando las fuerzas del creciente califato árabe comenzaron a invadir el Levante. Persia y Bizancio, la versión medieval de Roma oriental, estaban debilitados por constantes crisis y conflictos internos, por lo que no pudieron defenderse de las invasiones árabes. Esto llevó a que Persia colapsara por completo y Bizancio perdiera la mayor parte de su territorio en el Levante y África. Armenia, que había sido codiciada por ambos poderes, fue conquistada por los ejércitos del nuevo califato omeya. Sin embargo, la historia se repitió: El gobierno opresivo de esta nueva fuerza extranjera provocó violentas rebeliones. Cuando el califato abasí reemplazó a los omeyas, Armenia lentamente comenzó a recuperar su autonomía. A finales del siglo IX, el equilibrio del poder había cambiado una vez más. Bizancio se había revitalizado y comenzó a mermar el poder abasí a lo largo de la frontera, lo que le dio a Armenia la oportunidad de emanciparse del dominio extranjero. Ashot I (siglo IX) de la familia bagrátida se alió astutamente con los bizantinos y se convirtió en el primer rey de Armenia en cuatro siglos. Pero el joven reino armenio permaneció en una situación precaria y fue invadido por los vasallos del califato varias veces; hasta que durante el siglo X se estabilizó gradualmente aprovechando el resurgimiento de lucrativas rutas comerciales y la fortuna política de sus poderosos vecinos. Sin embargo, los problemas llegaron una vez más durante el siglo XI, ya que los bizantinos tenían deseos de integrar completamente a Armenia en su dominio. Al mismo tiempo, las invasiones masivas de los turcos selyúcidas sacudieron el Medio Oriente; su devastación redefinió completamente el equilibrio de poder de la región. Conforme las incursiones selyúcidas arrasaban Armenia, Bizancio incorporaba las piezas restantes, aunque su dominio no era muy sólido. Estos cambios provocaron una migración masiva de armenios a Cilicia en el sureste de Anatolia, donde establecieron un nuevo estado en la periferia del Imperio Bizantino. Un punto crucial fue que estas invasiones nómadas también llevaron a los armenios a incorporar arqueros con arcos compuestos en su ejércitos como medida para contrarrestar las grandes fuerzas montadas. La Armenia cilicia se encontraba inicialmente en una situación difícil; pero eso cambió rápidamente cuando las Cruzadas llevaron a miles de soldados europeos a atacar a los selyúcidas y los estados islámicos vecinos en Palestina y el Levante. El ejército de los cilicios se alió con los cruzados y peleó junto a ellos en varias ocasiones contra sus enemigos en común. Bizancio hizo nuevos cambios en la región durante el siglo XII, pero bajo el liderazgo de Thoros II el Grande, el ejército de los armenio-cilicios prevaleció. Mientras que las invasiones mongolas del siglo XIII causaron estragos en muchos de los estados de la región, la Armenia cilicia sabiamente se alió con los mongoles, pero luego tuvo conflictos con el sultanato mameluco que comenzaba a cobrar fuerza en Egipto y Siria. La derrota final para el maltrecho reino fue la invasión de Tamerlán en 1400, que lo dejó reducido a un territorio menor en medio de grandes potencias.