Castillos Las fortificaciones y los trabajos de preparación del terreno se habían empleado para la defensa desde la Edad de Piedra. Sin embargo, los verdaderos castillos no aparecieron en Europa sino hasta el siglo IX, por una parte como respuesta a los asaltos de los vikingos y por otra, como manifestación de la descentralización del poder político feudal. Desde el siglo IX hasta el XV se construyeron por toda Europa miles de castillos. Un censo realizado en Francia en 1905 contabilizó, tan solo en ese país, más de 10,000 restos de castillos. Durante el periodo feudal, los nobles del lugar estaban a cargo de la ley y el orden, además de proteger a su gente contra incursores e invasores, como los vikingos. Los nobles construían castillos para brindar protección o para tener una base segura desde la que pudieran operar las fuerzas militares del lugar. El evidente valor defensivo de un castillo oscurece el hecho de que principalmente era un instrumento ofensivo. Funcionaba como base de operaciones para soldados profesionales, sobre todo de la caballería, que controlaba los terrenos circundantes. En una época en la que, por diversas razones, la autoridad centralizada de los reyes era débil, una red de castillos y las fuerzas militares a las que brindaban apoyo proporcionaban una relativa estabilidad política y militar.