Los cumanos Los cumanos eran nómadas túrquicos que habitaron originalmente en el lado este del río Amarillo, hoy China. A partir del siglo X, comenzaron a emigrar hacia el oeste, al verse cada vez más desplazados de sus tierras por las belicosas tribus kitán. En el camino, los cumanos llegaron a la estepa kazaja, donde forjaron una alianza con otro pueblo túrquico, los kipchak. Estos dos acabaron prácticamente fusionándose poco más tarde, en un grupo que lograría dominar grandes extensiones territoriales entre las actuales Bulgaria y Kazajistán, durante los siglos XII y XIII. Más que un imperio con gobierno central firme, los cumanos y kipchak establecieron una confederación laxa de tribus independientes que ejercían y se disputaban la autoridad a partir de lazos familiares y poderío militar. Sus fuerzas consistían principalmente en caballería de arqueros ligeros y lanceros de armaduras pesadas, aunque también solían desplegar manganas y escorpiones. Los cumanos emprendieron varias campañas, sobre todo en los territorios de la Rus de Kiev, el imperio corasmio y la península de los Balcanes. También fue notable el mandato del jefe Boniak (circa 1091 a 1107), quien demostró su pericia bélica en una serie de hazañas logradas en tan solo unos cuantos años: ayudó al emperador bizantino a poner fin a las invasiones pechenegas en la batalla de Levunion, saqueó varios monasterios cerca de Kiev, y derrotó al rey húngaro Colomán. No obstante, los cumanos también recurrían a prácticas más diplomáticas en sus esfuerzos por expandir su influencia en los estados aledaños, como matrimonios arreglados y el servicio militar. Prueba de esto es el jefe Seyhan, quien casó a su hija Isabel con el futuro rey Esteban V de Hungría. Por otra parte, en Bulgaria, el apoyo de la caballería cumana fue clave para el éxito de la revuelta contra los bizantinos en el año 1185. Gracias a su valioso apoyo, un número de líderes cumanos recibieron títulos nobiliarios una vez que se fundó el Segundo Imperio Búlgaro (1186 a 1396). Aunque los cumanos fueron asimilando elementos de las diversas civilizaciones con las que interactuaban, la cultura cumano-kipchaka se mantuvo fiel a su modo de vida nómada durante mucho tiempo: la economía se centraba en la cría de animales –principalmente trashumante– y el comercio; sólo una escasa minoría se dedicaba a actividades más sedentarias como la herrería o la peletería. Su sociedad estaba fuertemente basada en la familia nuclear; los miembros se asociaban con otros círculos de parientes, y vivían y se movían como un clan. Rendían culto a sus espíritus ancestrales con pequeñas estatuas antropomórficas de piedra o madera, llamadas balbals; al igual que otros pueblos practicantes del chamanismo, también creían en entidades animales, y tenían especialmente por sagrados al perro y al lobo: antes de enfrentar al rey húngaro, por ejemplo, el jefe Boniak se dispuso a aullar con estos últimos para consultar si las condiciones le eran favorables. La confederación de cumanos y kipchakos fue conquistada durante los primeros años del siglo XIII por ejércitos tártaros y mongoles. El kan Koten intentó sumar apoyo a la resistencia aliándose con los rus, pero sufrió una derrota decisiva en la batalla del río Kalka (1223). Como resultado, muchos cumanos huyeron a los estados vecinos, donde fueron asimilándose gradualmente con los locales; otros, en cambio, acabaron siendo capturados y esclavizados. El sultán ayubí de Egipto Malik al-Salih (quien reinó de 1240 a 1249) compró varios de esos cumanos-kipchakos y los convirtió en parte de su cuerpo de mamelucos, guerreros esclavos muy bien entrenados. Pero para el año 1250, los mamelucos habían logrado obtener rédito de su capacidad militar: tomaron el poder y establecieron el sultanato mameluco de Egipto (1250 a 1517), cuyos máximos líderes serían de origen cumano-kipchako por más de un siglo.