Los hunos Los hunos fueron un pueblo nómada procedente de la actual Mongolia, en Asia Central, que comenzó a emigrar hacia el oeste en el siglo III, probablemente a causa de cambios en su entorno. Los caballos eran de suma importancia para este pueblo, habituado a pasar buena parte de su vida sobre sus monturas, incluso luchando como jinetes diestros en la lanza y el arco. Emigraron con sus familias y grandes rebaños de caballos y otros animales domésticos en busca de nuevas tierras. Por su destreza y disciplina militares, nadie fue capaz de detenerlos, por el contrario, fueron desplazando a todos los pueblos que iban encontrando a su paso. Así provocaron una oleada de migraciones, ya que muchos huían antes de que ellos llegaran. Este efecto dominó a gran escala rodeó la impenetrable Constantinopla y el Imperio Romano Oriental, para extenderse por las orillas de los ríos Danubio y Rin, hasta que terminaron por asfixiar al Imperio Romano Occidental en el año 476 d.C. Los hunos encontraron tierras propicias para sus asentamientos en la llanura húngara de Europa Oriental y allí se establecieron, ubicando su sede principal en la ciudad de Szeged, a orillas del río Tisza. Necesitaban amplios pastizales para sus caballos y sus demás animales. Desde esa llanura, fueron forjando alianzas o logrando conquistas, construyendo un imperio que acabó por extenderse desde los montes Urales, en Rusia, hasta las orillas del Rin, en el área de Francia. Los hunos eran excelentes jinetes, entrenaban para la monta desde niños y se cree que fueron los primeros en utilizar el estribo, un elemento de suma importancia que les permitió aumentar su poder de lucha a caballo, empuñando lanzas y arcos. Sembraron el terror entre sus enemigos debido a la rapidez con la que se movían. Incluso cambiaban de caballo varias veces al día para mantenerse ágiles y veloces. Una segunda ventaja fueron los arcos compuestos, bastante superiores a cualquier otra arma en Occidente durante aquella época. De pie y apoyados en los estribos, podían disparar por el frente, por los costados y por detrás. Sus tácticas se caracterizaron por la sorpresa, los ataques relámpago y el terror que sembraban después del ataque. Constituían un ejército de caballería ligera y su estructura política se basaba en un líder carismático que les guiaba hacia un objetivo. Este pueblo alcanzó su máximo esplendor durante el mandato de Atila, que fue nombrado líder de los hunos en el año 433 e inició una serie de ataques en Persia y el sur de Rusia. Posteriormente, centró su atención en los Balcanes, causando tal grado de terror y estragos, que tan solo después de dos saqueos masivos, prefirieron pagarle para que se retirara. En el año 450 se dirigió al Imperio Romano Occidental, cruzando el Rin al norte de Maguncia con aproximadamente 100,000 guerreros. Avanzó en una formación de más de 150 kilómetros y saqueó la mayor parte de las ciudades de lo que es hoy el norte de Francia. El general romano Aecio se preparó para combatirlos con un ejército galorromano y avanzó contra Atila, que estaba asediando la ciudad de Orléans. En la batalla de los Campos Cataláunicos, las tropas de Atila fueron derrotadas, aunque no destruidas. La derrota de los Campos Cataláunicos está considerada como una de las batallas más decisivas de la historia, ya que habría podido significar el fin de la religión cristiana en Europa Occidental y, tal vez, el dominio de la zona habría pasado a manos de invasores asiáticos. Después de la derrota, Atila invadió Italia en busca de nuevos botines. Cuando entró en la península, numerosos refugiados escaparon a las islas cercanas a la costa y, según la tradición, fundaron la ciudad de Venecia. Aunque las tropas romanas fueron derrotadas y los ejércitos más importantes del país aún se encontraban en la Galia, los hunos también se hallaban debilitados, luego de las extenuantes campañas, enfermedades y hambrunas en Italia. En un encuentro trascendental con el Papa León I, Atila aceptó retirarse. El imperio de los hunos se desintegró en el año 453, a la muerte de Atila, pues no había ningún líder fuerte que consiguiera mantener la unidad del pueblo. Los pueblos sometidos se sublevaron y las diferentes facciones se enfrentaron entre sí para conseguir el poder. Con el tiempo, el imperio se deshizo con la llegada de nuevos invasores, como los ávaros y los hunos desaparecieron de la faz de la tierra.