Los malayos El archipiélago Malayo, el más grande del mundo, está conformado por más de 25,000 islas repartidas en lo que hoy es Indonesia, Filipinas, Brunéi, Timor Oriental, Malasia y Singapur. Ya desde el año 50,000 a.C., sus habitantes nativos comenzaban a desarrollar habilidades cada vez más sofisticadas de navegación y construcción de barcos, para lograr colonizar y moverse con seguridad a través de tantas islas. A partir del primer milenio d.C., muchos pueblos portuarios fueron creciendo hasta convertirse en pequeños reinos, gracias a los beneficios económicos que les regalaba su excelente ubicación comercial, a medio camino entre India y China. Producto del continuo contacto con el subcontinente indio, estos primeros estados malayos fueron adoptando en su propia cultura varios rasgos del hinduismo y el budismo. Algunas de las ciudades portuarias fueron conquistando regiones cada vez más extensas del archipiélago a lo largo de la Edad Media, en un proceso que tuvo como protagonistas a tres imperios marítimos consecutivos, denominados talasocracias: Srivijaya (671 a 1377), en el sur de Sumatra, fue uno de los primeros estados en dominar el archipiélago. Para proteger y expandir sus intercambios mercantiles con China, los maharajás (título equivalente al de un monarca) conquistaron varios reinos en el resto de Sumatra, la península de Malasia y Java. Sus expediciones navales llegaron incluso a adentrarse en territorio continental, a través del río Mekong, pero el surgimiento del poderoso imperio jemer frustró cualquier posibilidad de una estancia prolongada en la región. La capital, Palembang, fue un centro internacional del budismo y el estudio, recibiendo gran cantidad de peregrinos y académicos desde toda Asia. Aunque sus maharajás no se dedicaron a erigir muchos templos, sus vasallos en Java construyeron algunos de los monumentos budistas más grandes del mundo, como Borobudur y el complejo Candi Sewu ('los mil templos'). A pesar de todos sus logros económicos y culturales, el imperio de Srivijaya comenzó a desintegrarse lentamente en el siglo XI, a causa de las incursiones y saqueos que llegaban desde India y de la pérdida territorial y de influencia que sufría a partir de las conquistas de los javaneses. Tras la caída de Srivijaya, los reinos javaneses se ganaron un lugar preponderante en toda la región. Uno de ellos, el imperio mayapahit (1293 a 1527), llegaría incluso a convertirse en uno de los estados más poderosos del sureste asiático. Raden Wijaya fundó el reino tras una corta alianza con las tropas invasoras mongolas, para derrotar a un rival común. A continuación, él mismo deshizo la alianza al eliminar a los mongoles en un ataque sorpresa. Bajo el liderazgo militar de Gayamada (1313 a 1364), quien fungió como Primer Ministro de dos emperadores, Mayapahit alcanzó su máxima extensión: abarcaba desde la península de Malasia, en el oeste, hasta Nueva Guinea, en el este. Durante esta época dorada florecieron las artes, la literatura y la arquitectura. También se desarrollaron las orquestas y el teatro de títeres. Nació la cultura propiamente javanesa a partir de la fusión del culto a Shiva y el budismo tántrico. Sin embargo, en el siglo XV, los conflictos internos y el surgimiento de una nueva potencia, el reino de Malaca, condujeron al declive y la eventual caída de los mayapahit. En 1398, Mayapahit había invadido Singapura, un pequeño reino en la península malaya. Su rey, Paramésura, fundó la ciudad de Malaca y supo mantener buenas relaciones con la dinastía Ming, de China. Como resultado, la ciudad fue más y más atractiva para los mercaderes, hasta convertirse en uno de los principales puertos de las rutas comerciales de Indochina. Hacia el fin de su reinado, Paramésuara se convirtió al islam, fundando así el sultanato de Malaca (1414 a 1511). Aunque el sureste asiático había estado en contacto con el islam desde hacía mucho tiempo, las comunidades musulmanas siempre habían sido minoritarias en la región. Pero gracias a la expansión territorial del sultanato, Malaca se volvió un importante foco de propagación del islam. Tras adoptar la fe musulmana de forma masiva, el pueblo malayo, cuya identidad estaba fuertemente inspirada en el budismo y el hinduismo, comenzó a experimentar profundos cambios culturales. Atraídos por la riqueza comercial del archipiélago, los exploradores europeos comenzaron a llegar al sureste de Asia a finales de la Edad Media. En 1511, una expedición portuguesa a las órdenes de Alfonso de Albuquerque conquistó el puerto de Malaca, marcando el fin del sultanato. Durante los siglos siguientes, los estados europeos controlarían el comercio entre el territorio continental y las islas de toda la región.