Los malíes Durante la Edad Media surgieron muchos reinos y ciudades-estado en el oeste de África, como consecuencia del activo comercio transahariano de la sal y el oro. Un periodo de constantes enfrentamientos por controlar el paso de estas mercancías fomentó el ascenso y la caída de grandes imperios que lograron conquistar y consolidar bajo sus monarcas a los pequeños reinos circundantes. Entre los siglos IV y XI de nuestra era, los soninké fueron los primeros que lograron monopolizar el comercio del oro y ejercer control sobre un amplio territorio. El imperio de Ghana que construyó este pueblo llegó a ocupar lo que hoy corresponde a todo el oeste de Mali y al sureste de Mauritania. Sin embargo, para fines del siglo XI, el imperio bereber almorávide había asumido el control del comercio del oro. Aún se debate si lo consiguieron gracias a una invasión comandada por el emir Abu-Bakr Ibn-Umar o no. En cualquier caso, la pérdida de aquella fuente de recursos tan valiosa, en combinación con el constante pastoreo excesivo y las sucesivas sequías en la región, condujeron al imperio de Ghana a una inminente desintegración. Fue así que el pueblo sosso, anteriormente vasallo de Ghana, conquistó la capital, Kumbi Saleh en el año 1203. Los sosso continuaron con sus campañas militares a lo largo de las siguientes décadas. Según la tradición oral, el rey Sumanguru Kanté conquistó varias pequeñas jefaturas mandinga, que eran poblados patriarcales sin una estructura política ni militar bien definida. No obstante, un príncipe exiliado, Sundiata, logró unificar los reinos dispersos e incitó a la rebelión, que desembocó en la derrota de los sosso en la batalla de Kirina, en 1235. Cinco años más tarde, Sundiata anexó a Ghana bajo su reinado, lo que le permitió tener acceso a las valiosas minas de oro y rutas comerciales de aquella nación, lo que marcó el nacimiento del imperio de Mali. Las posteriores invasiones encabezadas por los mansas, un título equivalente al de rey, consiguieron empujar las fronteras del imperio hasta Gao hacia el este y el océano Atlántico al oeste. La conquista territorial fue especialmente significativa bajo el mando del mansa Sakura (1285 a 1300), quien originalmente fue un esclavo liberto. Para defender y conservar el control de sus amplios dominios, el imperio de Mali mantenía un ejército activo de 100 mil unidades, mayormente infantería. El gobierno imperial exigía a cada una de sus tribus enviar en servicio cierto número de hombres libres, armados por medios propios. Recién a partir del siglo XIV, al verse el imperio apremiado por amenazas cada vez mayores, los mansas comenzaron a recurrir a los esclavos para cubrir posiciones de combate. El imperio de Mali alcanzó su máximo esplendor bajo el reinado del mansa Musa (1312 a 1337), quien hasta hoy fue y sigue siendo el más conocido gobernante mandinga, gracias a su notable peregrinaje hacia La Meca. Su caravana llamaba la atención de todo el mundo por donde quiera que pasara, quizás en parte gracias a los 15 mil kilos de oro y un séquito de 500 esclavos y 100 camellos. También contribuían a su fama los actos de gran ostentación y generosidad que iba realizando en su camino. A su regreso, ordenó la construcción de dos madrazas (universidades o facultades) en Tombuctú: las famosas mezquitas de Sankore y Djinguereber. Durante dos siglos, estos centros fueron notables sedes de aprendizaje donde se podían encontrar libros y eruditos provenientes de todas partes del mundo. Aunque al principio las distintas tribus mandinga seguían sus propios cultos animistas, poco a poco el islam fue ganando terreno, gracias a la influencia musulmana en el comercio transahariano. Para el siglo XIV, los mansas se habían convertido al islam, pero nunca obligaron a sus súbditos a seguir sus pasos. Por tanto, el imperio de Mali supo dar la bienvenida a muchas religiones, de modo que fueron mezclándose y fusionándose los más diversos ritos y tradiciones en la región. A partir de finales del siglo XIV, el poder de los mandinga comenzó a declinar. Entre las causas internas, la dinastía gobernante sufrió la mella de especulaciones y dirigentes poco competentes; mientras que el estado se veía bajo la constate amenaza externa de incursiones y rebeliones. Factores como las invasiones bereberes y el surgimiento del imperio songhai (que existió de 1464 a 1591), culminaron con la pérdida de las tierras del norte y el este, incluyendo la propia Tombuctú, y del control de las rutas de comercio subsaharianas. En respuesta a tales dilemas, los gobernantes de Mali enfocaron su atención y esfuerzos en las provincias del suroeste, a donde los exploradores portugueses habían llegado en el año 1455. Sin embargo, la suerte estaba echada y para el año 1600, el imperio de Mali terminó por fragmentarse en varias jefaturas, tal y como estaba configurada la zona antes del nacimiento del imperio.