Los persas El Imperio Persa existía desde hacía ya muchos siglos para cuando inició la Edad Media. Tras la conquista de Alejandro en el siglo IV a.C. y el subsiguiente desmoronamiento de su imperio en los siglos posteriores, el Imperio Persa se había reunificado. Los persas llevaban luchando contra los romanos desde el siglo III d.C. El Imperio Persa se extendía desde Mesopotamia hasta la India, y desde el Mar Caspio hasta el Golfo Pérsico, un territorio que actualmente ocupan Irak, Irán y Afganistán. Lucharon contra los romanos y más tarde contra los bizantinos, por el control de los territorios de las actuales Siria, Turquía, Palestina, Israel, Egipto y Arabia. La capital del Imperio Persa era Ctsesiphon, actualmente conocida como Bagdad. Los romanos hicieron diversos intentos por subyugar a los persas durante los siglos III y IV, hasta que finalmente firmaron un tratado de paz en el año 364, en virtud del cual, los persas consolidaban su hegemonía en el este y el norte. A continuación, los persas comenzaron sus ataques contra el imperio bizantino en Siria, Palestina, Egipto y la actual Turquía. La guerra entre las dos potencias desembocaba en constantes avances y retrocesos para ambos bandos. Los persas sitiaron Bizancio sin éxito en el año 626. Un año después, los bizantinos invadieron Persia. Finalmente, y ya exhaustos, firmaron la paz en el año 628. Los persas no estaban preparados para los impetuosos ataques islámicos del siglo VII. La dinastía Sasánida de Persia pereció en combate en el año 636, en parte debido a que la majestuosa capital persa no contaba con defensas comparables a las de Constantinopla. Poco después, en el año 651, toda Persia quedaría en manos de los musulmanes.